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Yo no soy papá...




Es curioso que desde que me convertí en madre, recibo más felicitaciones el día del Padre que en el de la Madre o en mi cumpleaños,  simplemente porque no tengo un marido al lado.





Desde hace casi 12 años formo parte de aquello a lo que la sociedad califica como “Madre Soltera” etiqueta que se coloca a las mujeres que cuidamos solas a nuestros hijos y que dejé de usar cuando el Papa Francisco dijo que  no existen  madres solteras porque ser madre no es un estado civil, amé esa frase y desde entonces cuando hablo de mí me defino como una mujer soltera que también es madre.

Nunca compartí esos mensajes dirigidos a mí porque no siento que éste sea mi día, todos estos años me  he limitado a decir gracias, más que nada porque  han pensado en mí de forma afectuosa.

Pero lo cierto es que cada uno de  mis hijos tiene un padre, que aunque no vivan con ellos, no son inexistentes,  han estado presentes a lo largo de la vida de mis pequeños de distintas maneras. Es verdad que no los ven todos los días, no van al parque o a la playa, no comparten fines de semana, ni revisan sus tareas: pero eso, aclaro, no significa que no existan. Un padre distante, no es un fantasma, para criar hijos en cuanto al tiempo, hace más falta calidad que cantidad.

Aunque asumir sola la crianza de mis hijos ha sido la tarea más difícil en mi vida, también es la más satisfactoria, amo esos momentos nuestros, que exista espacio en mi cama para que puedan dormir en ella cuando quieran, amo sus travesuras, la algarabía con que me reciben al llegar a casa.

En mi casa no hace falta un padre regañón, mal genio, poco colaborativo, carente de afecto, preferimos el que llega de vez en cuando con una sonrisa a ponerse al día de besos y juegos con los niños, que disfruta al máximo los minutos con ellos, el que llega a casa motivado por el corazón, no cumpliendo un compromiso.

Mi familia, es una familia moderna conformada por tres personas, madre e hijos, no somos disfuncionales, no hay ausencias, estamos felices con lo que tenemos, porque no  cumplimos estructuras, construimos una vida juntos, y diseñamos sueños tomados de  la mano.

Hoy, en el día del Padre pasamos la mañana hablando con sus padres y el mío, hice una broma a mi hijo mayor pidiéndole mi regalo por ser también mi día y me contestó:  “podrás hacer muchas cosas por mí, pero no eres mi padre, yo tengo a mi papá” y esa respuesta me quedó dando vueltas en la cabeza, no quiero que nadie vuelva a felicitarme en este día, ni a señalarme como madre todopoderosa, porque mi rol es solamente el de mamá.

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