Las palabras cáncer y diabetes me erizan la piel, les tengo tanto miedo como a las ratas y aunque sabía los factores que la desencadenan, siempre dejé para después el cuidarme y seguí usando la cuchara para darme placer.
Cuando mi endocrinóloga me escribió para darme el diagnóstico, celebraba mi cumpleaños 43 con una Coca Cola en la mano y comenzó a mirarla como el arma que me había asesinado. Claro que no la dejé, me tomé hasta la última gota, seguida de dos cervezas y una michelada.
Al día siguiente vino la resaca de conciencia, qué estoy haciendo con mi vida, hacia dónde voy, sentir que la imagen que me muestra el espejo no me agrada, que no sirve de nada usar filtros en las fotos porque quien me ve en persona recibe esa imagen del espejo que no me agrada.
Llegó el momento de decidir qué será de mi vida a partir de este momento, era vital tomar una decisión porque así solo aceleraría mi viaje hacia la muerte.
Lo decidí, seré keto y no me arrepiento porque solo 6 semanas lograré revertir los números de mi glucosa y tiroides. Es un camino que no es fácil, porque la sociedad en que vivo está llena de azúcar y harinas refinadas, pero cada vez que la balanza me dice un número menor, el corazón se me acelera de la emoción.
Ya les iré contando más de este proceso y sus resultados...
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